Recuerdo aquellos días como si fueran ayer:
Regrese de la playa como cada domingo, estaba realmente agotada, aun así acompañe a mi hermana a casa de una amiga. Por aquel entonces yo tenia unos 8 años.
Cuando volví a casa tenia una visita inesperada, la tía de mi madre.
La salude y se levanto lentamente, ya que era algo mayor...
-Te he traído un regalito pequeña!
-oh no, otro jersey de lana- pensé.
Cada año me traía uno y la verdad es que cada vez eran mas feitos. Siempre los tenia en el fondo del armario para que nadie los pudiera ver.
-Oh que ilusión! Un nuevo jersey. -dije en tono sarcastico
-no querida, no es un jersey.
-y entonces que es?una bufanda?
-no es..un peluche.
-Oh!donde esta? -dije impaciente
me encantaban los peluches
- Ve a buscarlo en el bolso de la playa.
Corrí hasta la cocina seguida de mis padres, mi hermana y la tía.
el bolso de color rojo estaba medio abierto, asi que lentamente fue abriendo la cremallera.
-NO PUEDE SER!-exclame- ES UN PERRITO!
Casi me desmayo, me encantan los perritos. Era tan chiquitito
- es una perrita -me dijo mi tia.- le tienes que buscar un nombre.
-umm..pues ahora no se..pero seguro es para mi?
-claro! a no ser que tu mama y papa no la quieran..
Los mire a los dos con carita de corderito degollado.
-podemos, mama? nos la podemos quedar?
-si prometes cuidarla, es nuestra!
Salte y abracé a mis padres, despues koji a la perrita y la acurruque en mis brazos, la mire detenidamente y dije:
-Tienes cara de llamarte...LUCI! Si! te llamaras Luci!
Pase uno de los mejores veranos de mi vida, nunca me separaba de ella, incluso jugaba a las muñecas con Luci.
Hasta que un dia fui al medico, dias antes me hicieron unas pruebas sobre la alergia, y ese dia me daban el resultado.
-bueno, Noelia ya tenemos a que eres alergica.
- a que?-pregunte ansiosa.
-eres alergica a los pelos de animales, o sea que no puedes tener mascota.
-QUE?!
Mis ojos se inundaron de largimas, de repente se me vino a la cabeza la imagen de mi perrita.
-no puedes vivir con ella, Noelia
Mi madre me abrazo fuerte, lo pase verdaderamente mal, aquella perrita ya formaba parte de mi vida, y ahora me tenia que separar de ella.
Estuvimos buscando a gente que quisiera un perrito, y aparecio una mujer anciana, ya viuda
que necesitaba alguna compañia.
Decidimos darsela a ella, ya que tambien me prometió que podria ir a verla cuando quisiera.
La despedida fue horrible nunca habia llorado tanto, pero al fin y al cabo estaba haciendo algo bueno, y esa mujer
podria pasar el resto de sus dias con una pequeña compañia.
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viernes, 13 de marzo de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
Cintia - Final Feliz
Punky, mi Cobaya
Estaba sentada en mi cama observando a mi cobaya juguetear por mi habitación, era el segundo que tenía, pues el primero que en paz descanse murió de cólico y mi madre al día siguiente lo tiró al contenedor de la basura. Nunca se me olvidará.
Punky que así es como se llama mi mascota es muy juguetón, tiene el pelo desordenado con muchos remolinos y siempre lo lleva de punta, de ahí su nombre. Es un cobaya marrón, blanco con una pizca de negro. Y la verdad es que está un poco gordo. Mi hermano que lo ceba de comida y luego llego yo y creyendo que aun no ha comido le doy mas comida y luego mi madre que también le da de comer creyendo que nosotros no le hemos dado, total que el cobaya de hambre no se muere fijo.
-¡Punky! ¡Quítate de ahí, te vas a electrocutar!
Punky dio un rebote y se alejo corriendo sobre esas patillas huesudas y cortitas. Ese día se me paso volando mientras jugaba con él.
Pipipipipi… Sonó el despertador. Me levante de la cama con los ojos pegados, mire el reloj eran las ocho, hacia mucho frio pues era invierno, observe la jaula de Punky que estaba cerrada. Desde el pasillo ya se percibía ese olorcito a pan tostado y a café, aceleré el paso pues tenía mucha hambre.
-¡Mama!, ¡mama! ¿De qué me has preparado el pan hoy? ¡Corre ponme la tele que empiezan las Supernenas!
Mi madre me puso mi tostada de pan con mermelada y mi Cola Cao en la mesa mientras encendía la tele para ponerme los dibujitos como todas las mañanas.
-venga Cintia que llegamos tarde al colegio y yo me tengo que ir a trabajar.
Después de desayunar ver los dibujitos y vestirme con la ropa que me había puesto mi madre el día anterior encima de la silla nos fuimos camino al colegio, mi madre me daba la mano y yo iba con mi mochila de Barbie colgada a la espalda, cualquiera que me viera diría que soy la niña más feliz del mundo que va al colegio.
Llegamos al colegio y allí estaban todas mis amigas con sus madres, y justo enfrente estaba Raquel, el día anterior me pelee con ella porque decía que había sido la primera jugando al pilla pilla pero yo le dije que no, que la primera había sido yo, y no nos hablamos en todo el día. Pero Raquel me sonrió como si nada hubiera pasado y yo le sonreí también, entramos juntas a la clase mientras nuestras madres se despedían de nosotras.
Era un día entre semana normal y corriente, estaba sentada frente a la mesa del salón. Tenía enfrente mis libros de texto del colegio, unos cuantos lápices y un montón de miguillas de goma esparcidas por toda la mesa. Justo al lado estaba mi madre en el sillón viendo la tele, mi hermano estaba en mi cuarto jugando a la play y yo estaba muy aburrida porque no tenía ganas de hacer mis tareas. Al final tarde más que de costumbre de terminarlas pero por fin ya estaban acabadas. Cerré mis libros con orgullo y los guarde en la mochilas, me la colgué a la espalda y me dirigí a mi cuarto. Nada más entrar por la puerta vi la jaula de Punky, pero no estaba comiendo, ni moviéndose, estaba dormido encima de la paja.
-¡Punky! ¡Despierta¡ vamos a jugar.
-¿Punky? Oyeeee, venga no seas vago, levántate.
Pero la Cobaya seguía sin moverse.
-¡¡¡Abimael!! Punky no se mueve, ¡esta muerto! ¡Está muerto!
Mi hermano cogió corriendo a la Cobaya, y la llevo abajo al veterinario. Mientras yo me quede llorando en los brazos de mi madre.
Pasó un buen rato y picaron a la puerta, me levanté de un salto para abrir. Era mi hermano que traía a Punky revoloteando en sus brazos.
-¡Punky! Grité de alegría.
Llorando lo abracé y esa noche nos quedamos mi hermano y yo jugando un buen rato con él.
Sara - Final Feliz
BLAZE OF GLORY
Recuerdo lo que sentí en aquel momento, el sentimiento que reflejaban nuestros rostros, el ambiente del lugar, las sonrisas que me regalaban los integrantes de grupos cuyos nombres son casi imposibles de recordar, el rostro de los demás componentes de Waves Music, el grito que desgarró Dani, el vocalista de Hueco Here, unido con el sentimiento de aquel momento. Si vamos unos 12 años atrás en mi vida me veréis a mí canturreando canciones de Bon Jovi que me ponía mi madre siendo aún inconsciente de lo que conllevaría esa introducción a la música. Vayamos aún más atrás, el día que cumplí 2 años mi tía me regaló una guitarra de plástico que imitaba algunos acordes con botones de colores, mi hermano me enseñó a tocar algo parecido a lo que es Smoke on the wáter, de Deep Purple, doce años después aprendería a tocarla con una guitarra real y trece años tras aquel momento vería a Deep Purple en directo. Si nos deslizamos un poco más en el tiempo y me veis a mí con 9 años, me veréis componiendo mi primera canción, nunca se me olvidará, se titulaba “Ángel del amanecer”, no tenía apenas rima pero sí tenía ritmo, mi madre nunca creyó que la hubiese compuesto yo. El día de reyes del año 2007, mi hermano me regaló mi primera guitarra, cuando me la entregó recordé las imágenes que tenía guardadas en mi recuerdo de cuando iba a los conciertos de Me-K-nical, el grupo de mi hermano y les veía tocar. Poco después pasé por varios grupos, cantando y más tarde guitarra porque de las críticas y la ansiedad sufría ataques de pánico y estuve varios años sin poder cantar. Cuando formé Waves Music recibí muchos palos: idas de componentes, peleas, falta de equipo, críticas negativas…
Por fin estaba el grupo completo y decidimos ir a ver el Toys & Rock, un festival benéfico en la sala Moncloa. Tocó Aldebarán, un grupo bastante bueno, Hush y finalmente Hueco Here, recuerdo que Kapricorn, otro grupo de Trash metal con el que habíamos quedado para ir al festival, me dijo David, el vocalista
¡Kaly! ¿por qué no tocáis en enero con nosotros?
¡Qué va, David! No estamos preparadas…
Rilod, el bajista, me interrumpió y dijo
En marzo haremos un festival de Metal y quiero que la pequeña guturales ( mote que me puso al escucharme cantar) toque con nosotros
¡Ojalá!, voy a hablar con ellas…
Recuerdo que estábamos Natalia, Keka y yo frente a escenario. Les conté lo que ocurría y dijo Natalia
¡¿Qué?! ¡Qué fuerte!
Y Keka
Kaly… ¿Con dos cojones?
¡Pues más bien con dos bajos y a dar caña, tías!
Fuimos las tres a hablar con los Kapricorn y en el momento en que dijeron
Pues en marzo nos vemos ahí arriba, ja, ja…
Dani lanzó un grito desgarrado con gutural que sonó a gloria. Empezamos a saltar, mover la cabeza…Actualmente nos han dicho que tenemos abiertas las puertas a la Vivero. La ola ha empezado a formarse y yo estoy justo en el pico.
Recuerdo lo que sentí en aquel momento, el sentimiento que reflejaban nuestros rostros, el ambiente del lugar, las sonrisas que me regalaban los integrantes de grupos cuyos nombres son casi imposibles de recordar, el rostro de los demás componentes de Waves Music, el grito que desgarró Dani, el vocalista de Hueco Here, unido con el sentimiento de aquel momento. Si vamos unos 12 años atrás en mi vida me veréis a mí canturreando canciones de Bon Jovi que me ponía mi madre siendo aún inconsciente de lo que conllevaría esa introducción a la música. Vayamos aún más atrás, el día que cumplí 2 años mi tía me regaló una guitarra de plástico que imitaba algunos acordes con botones de colores, mi hermano me enseñó a tocar algo parecido a lo que es Smoke on the wáter, de Deep Purple, doce años después aprendería a tocarla con una guitarra real y trece años tras aquel momento vería a Deep Purple en directo. Si nos deslizamos un poco más en el tiempo y me veis a mí con 9 años, me veréis componiendo mi primera canción, nunca se me olvidará, se titulaba “Ángel del amanecer”, no tenía apenas rima pero sí tenía ritmo, mi madre nunca creyó que la hubiese compuesto yo. El día de reyes del año 2007, mi hermano me regaló mi primera guitarra, cuando me la entregó recordé las imágenes que tenía guardadas en mi recuerdo de cuando iba a los conciertos de Me-K-nical, el grupo de mi hermano y les veía tocar. Poco después pasé por varios grupos, cantando y más tarde guitarra porque de las críticas y la ansiedad sufría ataques de pánico y estuve varios años sin poder cantar. Cuando formé Waves Music recibí muchos palos: idas de componentes, peleas, falta de equipo, críticas negativas…
Por fin estaba el grupo completo y decidimos ir a ver el Toys & Rock, un festival benéfico en la sala Moncloa. Tocó Aldebarán, un grupo bastante bueno, Hush y finalmente Hueco Here, recuerdo que Kapricorn, otro grupo de Trash metal con el que habíamos quedado para ir al festival, me dijo David, el vocalista
¡Kaly! ¿por qué no tocáis en enero con nosotros?
¡Qué va, David! No estamos preparadas…
Rilod, el bajista, me interrumpió y dijo
En marzo haremos un festival de Metal y quiero que la pequeña guturales ( mote que me puso al escucharme cantar) toque con nosotros
¡Ojalá!, voy a hablar con ellas…
Recuerdo que estábamos Natalia, Keka y yo frente a escenario. Les conté lo que ocurría y dijo Natalia
¡¿Qué?! ¡Qué fuerte!
Y Keka
Kaly… ¿Con dos cojones?
¡Pues más bien con dos bajos y a dar caña, tías!
Fuimos las tres a hablar con los Kapricorn y en el momento en que dijeron
Pues en marzo nos vemos ahí arriba, ja, ja…
Dani lanzó un grito desgarrado con gutural que sonó a gloria. Empezamos a saltar, mover la cabeza…Actualmente nos han dicho que tenemos abiertas las puertas a la Vivero. La ola ha empezado a formarse y yo estoy justo en el pico.
Elena - Final Feliz
Rompecabezas
-¡Ya estoy en casa!
El chico de cabellos oscuros siguió montando su puzzle sin inmutarse. Nadie podría sacarle de su mundo de juegos de mesa y videojuegos sobre dragones.
-Te he traído un paquete de palomitas -le dijo su padre mientras se quitaba el abrigo y se sentaba en el sofá-. ¿Quieres que vayamos a jugar al parque?
El chico giró la cabeza perezosamente y le miró. Su padre le sonreía alegremente invitándole a contestar.
-Hace frío, papá -le contestó reanudando su juego. Le quedaban pocas piezas para acabarlo...
-Vamos, hace tiempo que no salimos -insistió, aún sonriendo.
-En serio, no tengo ganas -dijo sin apenas despegar los labios mientras seguía montando su puzzle.
El chico no se dio cuenta, pero le miró muy entristecido, casi desilusionado. No quería obligarle a salir.
-Está bien, otro día será -le dijo mientras se levantaba del sofá.
Se fue a su cuarto para estar solo. Mientras tanto, el niño seguía con su juego. No intuía que dentro de pocos días su padre se iría de allí. Si lo hubiera sabido, quizás habría salido más con él o habría sido más amable.
Y entonces colocó la última pieza.
-Mierda... -murmuró. Faltaba una pieza más, pero no la encontraba por ningún lado. Quizás la había perdido por no tener cuidado...
Se puso de pie y observó la imagen que había formado: era una sencilla a la vez que hermosa ilustración en colores pastel, que mostraba a una niña con su padre cogidos de la mano, corriendo. Pero la cara del padre no estaba, era la pieza que le faltaba.
Y aunque aún era un niño, se dio cuenta de la situación. No podía dejar que su padre se distanciara de él por su culpa.
Corrió hacia el cuarto de su padre.
-¡Papá, vayamos a jugar! -gritó emocionado.
Él estaba haciendo un maqueta en su escritorio, como siempre. Le encantaba aquella habitación.
Al escuchar sus palabras sonrió, como de costumbre.
-Iremos al parque de la otra vez, ¿vale?
-¡Claro!
Se pusieron los abrigos y cogieron los paraguas. Justo cuando el niño fue a abrir la puerta su padre le detuvo.
-Se me olvidaba -le dijo poniendo algo en su mano-. La encontré en el suelo.
El niño miró en su mano y se encontró con la pieza perdida. Era la cara del padre que salía en el puzzle, y se le veía muy feliz.
-Gracias, papá -le dijo dándole un tierno abrazo.
El chico de cabellos oscuros siguió montando su puzzle sin inmutarse. Nadie podría sacarle de su mundo de juegos de mesa y videojuegos sobre dragones.
-Te he traído un paquete de palomitas -le dijo su padre mientras se quitaba el abrigo y se sentaba en el sofá-. ¿Quieres que vayamos a jugar al parque?
El chico giró la cabeza perezosamente y le miró. Su padre le sonreía alegremente invitándole a contestar.
-Hace frío, papá -le contestó reanudando su juego. Le quedaban pocas piezas para acabarlo...
-Vamos, hace tiempo que no salimos -insistió, aún sonriendo.
-En serio, no tengo ganas -dijo sin apenas despegar los labios mientras seguía montando su puzzle.
El chico no se dio cuenta, pero le miró muy entristecido, casi desilusionado. No quería obligarle a salir.
-Está bien, otro día será -le dijo mientras se levantaba del sofá.
Se fue a su cuarto para estar solo. Mientras tanto, el niño seguía con su juego. No intuía que dentro de pocos días su padre se iría de allí. Si lo hubiera sabido, quizás habría salido más con él o habría sido más amable.
Y entonces colocó la última pieza.
-Mierda... -murmuró. Faltaba una pieza más, pero no la encontraba por ningún lado. Quizás la había perdido por no tener cuidado...
Se puso de pie y observó la imagen que había formado: era una sencilla a la vez que hermosa ilustración en colores pastel, que mostraba a una niña con su padre cogidos de la mano, corriendo. Pero la cara del padre no estaba, era la pieza que le faltaba.
Y aunque aún era un niño, se dio cuenta de la situación. No podía dejar que su padre se distanciara de él por su culpa.
Corrió hacia el cuarto de su padre.
-¡Papá, vayamos a jugar! -gritó emocionado.
Él estaba haciendo un maqueta en su escritorio, como siempre. Le encantaba aquella habitación.
Al escuchar sus palabras sonrió, como de costumbre.
-Iremos al parque de la otra vez, ¿vale?
-¡Claro!
Se pusieron los abrigos y cogieron los paraguas. Justo cuando el niño fue a abrir la puerta su padre le detuvo.
-Se me olvidaba -le dijo poniendo algo en su mano-. La encontré en el suelo.
El niño miró en su mano y se encontró con la pieza perdida. Era la cara del padre que salía en el puzzle, y se le veía muy feliz.
-Gracias, papá -le dijo dándole un tierno abrazo.
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