Mostrando entradas con la etiqueta Prop.5: 20 palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prop.5: 20 palabras. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de febrero de 2009

Cintia - Las 20 palabras

UN DIA DE TERROR…

Ese día hacia frío, no sé cómo ni porqué llegué a aquel lugar, podía ver a lo lejos una casa oscura, tenebrosa, oía como el agua chocaba contra las piedras, debía haber un río bastante cerca. Pero allí me encontraba enfrente de aquel hombre, tenía un aspecto sucio como si en semanas no se hubiera lavado. Caminaba torpemente hacia la verja de la casa arrastrando su pierna derecha mientras se hurgaba la nariz. Podía escuchar como sus llaves chocaban unas con otras, todo aquello me producía una terrible sensación de pánico. Las desengancho del cinturón y abrió una de las puertas que componía la verja. La cruzamos Martín, Laura, Luis y yo. Empezamos a caminar, me agarré fuertemente al brazo de Martín, no lo quería soltar por nada del mundo, cerré los ojos con fuerza y deje que él guiara mis pasos, quería olvidarme de todo, no pensar, dejar la mente en blanco, pero la curiosidad pudo conmigo, giré la cabeza hacia atrás, y allí estaba ese hombre mirando fijamente como caminábamos hacia la puerta principal, observaba como cada vez se hacía más pequeño, hasta que desapareció por completo.
-No debimos de haber venido aquí, este lugar es espantoso, ¡vámonos! ¡vámonos!
-Ya es tarde Laura, no podemos salir, hay que avanzar, tenemos que conseguirlo, ¡hay que ser valientes! Vamos a entrar ¡corre!- Dijo Martín mientras tiraba de mi brazo.
¡¡Toc, Toc!! Aporreo la puerta.
Pero esta estaba abierta y con un fuerte crujido se abrió. La entrada tenía un aspecto sucio, en una de las paredes había un gran espejo, cubierto por una capa de polvo. Me puse frente a él, apenas podía ver mi rostro, apoyé mi mano sobre el espejo y con movimientos circulares logré ver parte de mi cara y de la entrada que reflejaba, pero en ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo, pues vi a través del espejo una silueta negra, como una sombra, que corría velozmente hasta meterse en una habitación cerrando la puerta de golpe,
¡Plaf! Todos dimos un bote del susto.
-¿Habéis oído eso? ¡Decidme que lo habéis visto¡ ¡tengo miedo, vámonos de aquí¡ Dijo Luis con la cara descompuesta por el miedo.
¡Plaf! ¡Plaf!
-¡Aaaaaahh!- Todos gritamos a la vez. Subimos corriendo por las escaleras sin saber qué nos esperaría arriba, lo único que queríamos era alejarnos de aquellos ruidos espantosos. Ya arriba de las escaleras se podía ver un largo pasillo con numerosas puertas a los lados. No queríamos volver a bajar así que seguimos el pasillo hasta el fondo donde había una puerta, Laura con la mano temblorosa, la abrió, entramos todos, parecía la habitación de un niño pequeño rico, ya que había muchos juguetes, todos eran muy antiguos, estaban descoloridos. Me llamó la atención una barca de juguete que había tirada sobre la cama, parecía mordisqueada. A mi izquierda había un caballito de madera, estaba corroído, pero aun parecía rígido como para mecer a un niño pequeño.
-¡Eh! ¡Mirad esto!¡venid! ¡venid!
Nos acercamos a ver qué pasaba, Laura estaba enfrente de la ventana de la habitación, nos asomamos todos, se veía todo el jardín. Había una hoguera, pero estaba apagada y a lo lejos se divisaba un paisaje precioso aunque un tanto tenebroso, pero sin embargo una sensación de paz recorrió mi cuerpo.
En ese mismo momento escuchamos algo, era una mujer cantando una nana, nos quedamos inmóviles por unos segundos, nos giramos para ver la puerta, estaba cerrada, todos nos miramos a los ojos esperando a que alguno la abriese. Me armé de valor y lentamente me acerqué para abrirla. Cogí con fuerza el pomo y de un tirón la abrí, no había nadie, ya no se escuchaba nada. Salimos de la habitación, pero en ese momento oímos unos ruidos de pasos que se acercaban velozmente por el pasillo, y en la oscuridad apareció una anciana, corriendo hacia nosotros con una risa diabólica, el labio inferior lo tenía medio caído, parecía que tuviese lepra. Su traje estaba roto y por una de las rajas del vestido asomaba su pierna huesuda y desnuda. No podíamos parar de gritar, no sabíamos donde ir, no podíamos correr hacia los lados pues había puertas y paredes, ni hacia delante pues cada vez se acercaba más y más, así que entramos en la habitación que había a la derecha del pasillo. Cerramos la puerta y con una silla la encajamos de tal manera que bloqueamos la entrada.
Paff!! Paff!! Se escuchó en la puerta mientras vibraba del golpe. Esta por fin dejó de moverse. Nos giramos para ver dónde nos habíamos metido esta vez, estábamos en el salón, había una gran mesa con un mantel amarillento que aun tenía el ticket de compra pero este estaba descolorido. Sobre ella había platos, acompañados por un tenedor una cuchara y un panecillo.
!!!!Paff¡¡¡¡ la puerta se abrió de un golpe tirando la silla bruscamente al suelo, la anciana reía sin parar mientras corría hacia nosotros.
- ñiiijijijijijij. CONTINUARA….

Elena - Las 20 palabras

Bajé las escaleras de piedra cautelosamente. En aquella casa hacía un calor agobiante. Me parecía estar junto a una hoguera gigante.
Clock, clock, clock. De nuevo, aquellos extraños ruidos que venían del piso de arriba. Sonaban sin cesar. Eran como los cascos de un caballo. No quería escucharlos, pero no podía evitar oírlos.
Entré en la habitación de al lado, y entonces tropecé con algo. Tenía la sensación de haber golpeado algo blando. Miré abajo y, ¿qué fue lo que vi? Dios mío, era un brazo. Un brazo arrancado de cuajo, lleno de sangre. Miré a un lado, atemorizado, y vi el cadáver de una chica desnuda. Sí, parecía que el brazo era suyo, aunque no vi ni su otro brazo ni su pierna.
Sentí el verdadero miedo, y me quedé paralizado. Era como si hubiera olvidado cómo moverme.
Y entonces le escuché. Alguien cantaba, un hombre quizás. Era una canción tan hermosa como terrorífica.
Retrocedí, y me vi reflejado en un espejo muy antiguo. Se me veía muy pálido. De pronto me di cuenta: ese espejo... era el mismo que había comprado Bill el otro día. ¿Era esta su casa? ¿Era él el asesino?
Detrás mía, vi una silueta reflejada en el espejo. Bill se acercaba lentamente, con aquel cuchillo con el que solía juguetear. Actuaba de forma extraña. Aquel escalofriante paisaje le parecía maravilloso. Se rascaba la nariz nerviosamente, y temblaba. Además, tenía mijitas de pan en la comisura de los labios, como un niño pequeño.
Me hizo pensar en Caronte navegando en su barca por el río, acercándose a mí como si fuera la mismísima Muerte.

Ana - Las 20 palabras

La puerta chirrió cuando la abrí. Entré. No había nadie.
Eché un vistazo general a la casa mientras me comía el trozo de pan que me había sobrado de la merienda. Debido al polvo acumulado estornudé y me limpié la nariz con unos pañuelos que acababa de comprar. No escuché los pasos ni la silueta que se iba acercando a mi espalda, siguiendo mi rastro, mi miedo...
Subí las escaleras que conducían al piso de arriba. Ya en lo alto vi un largo corredor con habitaciones a ambos lados y entré en una de ellas. Era un dormitorio pequeño, oscuro ya que las ventanas estaban tapadas con tablones podridos. Quité esos listones para ver el paisaje y un fogonazo de luz inundó la habitación dejando ver una cama, un armario infantil al que le faltaba una puerta y un escritorio en el que había muchos folios amontonados. Me acerqué a ellos y les eché un vistazo. Eran canciones. Canciones horribles que hablaban de niños muertos que paseaban por las calles con las cuencas de los ojos vacías, o de fantasmas que deambulaban por la ciudad intentando resolver asuntos pendientes. Miré al suelo y vi un caballo tallado en madera, precioso, con una larga cola que parecía que se movía. Lo metí en el bolsillo de mis vaqueros.
Bajé a la planta baja. Miré con más detenimiento los objetos que me rodeaban: fotos antiguas sobre cómodas esculpidas a mano, un espejo de madera con el cristal rajado por los años de abandono, puertas con adornos de demonios y escenas tenebrosas. Toda la casa era de un estilo gótico, con un aire misterioso, se notaba que esa casa ocultaba algo...
Desde la ventana de lo que debía de haber sido hace muchos años el comedor ví un río con unas cuantas barcas en el muelle.
Me dirigí a la puerta para investigar sobre los alrededores, pero un brazo robusto me agarró y de un tirón me dio la vuelta, las piernas me fallaron y caí al suelo. Sentí dolorosamente como ese ser me cogía del pelo y me arrastraba a través del pasillo, diciendo: “ese caballito es mío, ese caballito es mío”. No podía gritar, nunca olvidaré esa sensación, todo parecía irreal, como en esos sueños en los que quieres correr pero no puedes.
Me llevó al sótano, y allí me dejó caer escalón por escalón, mi columna chocando contra los peldaños hasta que mi cabeza dio con la barandilla y paz... perdí el conocimiento.
Cuando me levanté, ¿a los 10 minutos? ¿ a las 3 horas? No sé, sentía un fuerte dolor en mi cabeza. Me desnudé para poder limpiar mis heridas, la sangre se había secado y la ropa se había pegado a mi piel. Me volví a vestir. Luego oí pasos al fondo del pasillo, y rápidamente me acurruqué en un rincón del zulo en el que me encontraba.
La puerta se abrió y ahora pude ver con más claridad al monstruo que escondía esta casa: una silueta negra se alzaba en lo alto de la escalera, vestía una túnica negra que iba arrastrando por el suelo y su rostro estaba cubierto con una máscara blanca. Bajó las escaleras con la agilidad de un felino y con la misma fiereza me agarró del brazo, levantándome bruscamente. Me condujo hacia las escaleras en las que tropecé un sinfín de veces por mi debilidad.
Arriba olí un fuerte olor a quemado, dirigí mi mirada al enmascarado y pude intuir que detrás de su máscara tenía una sonrisa sicótica.
Fuera una gran hoguera se elevaba majestuosa llenando el cielo de un humo que olía a muerte. Alrededor de ella había piedras sujetando un poste. Mi agonizante fin se cernía ante mis ojos. Iba a morir quemada.

Propuesta 5: Las 20 palabras

Se propone una lista de 20 palabras. Hay que unirlas a través de un hilo argumental, intercalándolas en una historia. Se pueden usar los verbos como se parezca (en infinitivo, presente, pasado, futuro) o utilizar el sustantivo que les corresponda ( “canto” por “cantar”) e incluso a la inversa, el verbo por el sustantivo ( “apedrear” por “piedra”), se pueden usar en plural o en singular. Tampoco es necesario que se respete el orden de la lista.
La lista es la siguiente:

Espejo- brazo- olvidar- cantar- escuchar- oir- paisaje- miedo- hoguera-piedra- silueta- desnudar- río- bajar- barca- pan- caballo- comprar- nariz-paz.